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Mediterráneamente.Utilizar aceite de oliva y comer frutos secos evita el infarto.


Así de contundente. PREDIMED, el estudio liderado por el Dr.Ramon Estruch, del Hospital Clínic de Barcelona, ??y el Dr. Martínez-González, de la Clínica de la Universidad de Navarra, ha concluido que si comparamos las personas que suplementan su dieta con aceite de oliva y / o frutos secos con personas que siguen una dieta convencional, los primeros experimentan una menor tasa de infartos de miocardio o accidentes vasculares cerebrales. Publicado en el último número del mes de febrero de la prestigiosa revista científica The New England Journal of Medicine, el estudio ha contado con más de 8.000 participantes que se han ido controlando durante prácticamente 5 años.

Los participantes se dividieron en 3 grupos. Dos grupos fueron sometidos a una dieta mediterránea (uno de ellos recibían suplementos de aceite de oliva y el otro, frutos secos) y el tercero era un grupo control que debía seguir una dieta convencional.
Aparte del aceite de oliva y los frutos secos, a los dos grupos que seguían la dieta mediterránea se les dieron consejos dietéticos tales como: consumir más de 2 raciones de vegetales al día;> 2-3 piezas de fruta fresca o zumos naturales al día;> 3 raciones de legumbres a la semana;> 3 raciones de pescado a la semana (una de pescado azul como mínimo); priorizar la carne blanca (pollo, conejo, etc.) antes de que la carne roja (hamburguesas, salchichas, etc.); cocinar regularmente un par de veces por semana con tomate, cebolla y ajo sofritos con aceite de oliva, pudiéndose  añadir hierbas aromáticas. A los pacientes ya habituados al consumo de vino, se les animaba a beber un vaso diario (7 copas a la semana). Por otra parte, se les desaconsejó el consumo de nata, mantequilla, margarina, embutidos, patés, pato, bebidas carbonatadas o azucaradas, pasteles, bollería industrial (donuts, etc.), Postres industriales, patatas fritas o chips y pasteles o dulces no cocinados en casa.

Resultado: en las personas que presentan un alto riesgo cardiovascular, la adherencia a una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva o frutos secos les ahorra en un 30% la posibilidad de sufrir un infarto de miocardio, un accidente vascular cerebral o la muerte por enfermedad cardiovascular. Cabe decir que los participantes del estudio eran todos pacientes considerados como de alto riesgo cardiovascular. Se considera paciente de alto riesgo aquel que, por sus condiciones, ya sea la presencia de diabetes, presión arterial o colesterol elevados, obesidad o condición de fumador, tiene más probabilidad de sufrir un infarto o ictus.

Pero, ¿cuál es el efecto de la adherencia a una dieta mediterránea por parte de la población general sin estos factores de riesgo? Parecería lógico pensar que si los efectos que se producen en personas sometidas a un alto riesgo son beneficiosos, estos efectos se mantendrían, o incluso podrían ser superiores en la población general de bajo riesgo, ya que parten de un mejor estado basal.

El aceite de oliva, las nueces, las avellanas y las almendras son elementos básicos en una dieta mediterránea. La importancia de estos productos y los efectos beneficiosos que se les atribuyen radica en que son alimentos con unos nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo: las grasas. Concretamente contienen abundantes grasas monoinsaturadas, poliinsaturadas y polifenoles que, contrariamente a otros tipos de grasas (los trans o saturadas), ayudan en la formación de estructuras como las paredes de las células y en otros procesos del metabolismo.

Cuando hablamos de grasas, el famoso “eres lo que comes” toma más sentido que nunca. ¿Por qué? Pongamos por caso la piel. La piel de nuestro cuerpo, la forman millones de células (epidérmicas) y estas a la vez tienen la pared celular formada eminentemente por grasas. Estas grasas son extraídas de las grasas aportadas por la dieta. Así pues, es fácil llegar a la conclusión de que si ingerimos grasas de calidad, es de esperar que nuestra piel sea una piel sana.

Los ácidos grasos omega-3 son esenciales. ¿Qué quiere decir esencial? Pues que el cuerpo no los puede producir y, por tanto, la única forma de obtenerlos es  mediante la dieta. De entre las acciones de los ácidos grasos omega-3 destacan el poder antiinflamatorio, el anticoagulante, la reducción de triglicéridos y colesterol y la de reducir el nivel de presión arterial. También se les atribuyen beneficios en el control de la diabetes, el asma, la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer y la depresión.

Para saber en qué grado está adherido a este tipo de dieta, puede consultar de forma interactiva con esta herramienta diseñada para el diario New York Times (Mediterranean QUIZ)

Gracias a este estudio ya tenemos pues la evidencia científica que seguir este tipo de dieta tiene un efecto protector y beneficioso para la salud. Si al mismo tiempo evitamos la exposición a tóxicos (como el tabaco) y realizamos ejercicio físico, el éxito está asegurado.

La teoría es clara, ahora queda sólo pasar a la acción. Todos a comer avellanas, nueces, almendras y a cocinar con aceite de oliva!

Ánimo y fuerza,

Autor: Iñaki Marina. Médico y colaborador de la Fundación She
Nota: Hay que recordar que existe la posibilidad de ser alérgico a los frutos secos. De hecho es una de las alergias alimentarias más habituales. En este caso, obviamente estaría contraindicado su consumo, pero afortunadamente la dieta mediterránea es muy diversa y existen otras opciones para beneficiarse.

Bibliografía:
Ramón Estruch et al., Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet. N Engl J Med 2013; 368:1279-1290.
Material adicional: Mediterranean QUIZ