No hay COVID que por bien no venga

No hay COVID que por bien no venga

En los últimos meses hemos estado, estamos y me temo que todavía estaremos, sujetos al devenir de la pandemia del SARS-CoV-2.

Dada la magnitud de la tragedia, la comunidad en general y la científica en particular está generando toneladas de conocimiento y no cabe duda de que el trigger ha sido la COVID19.

Y es que, no nos enfrentamos a una enfermedad infecciosa estricta.  Al CoV-2 le precede el acrónimo SARS, las siglas en inglés de Severe Acute Respiratory Syndrome. La capacidad para generar este SARS no es exclusiva de las enfermedades infecciosas en general o víricas en particular. Hay otros materiales como determinados fármacos, o los cristales formados por ácido úrico, o los cristales de colesterol que se depositan a nivel de las arterias, o la liberación de enzimas pancreáticas en caso de inflamación de dicho órgano, etc… que pueden llegar a desarrollar un SARS como el que sufre el paciente COVID en la fase hiperinflamatoria.

¿Cómo podemos de forma personalizada analizar nuestras defensas (inmunidad)?

¿Cómo evaluamos la funcionalidad de estas defensas?

¿Qué contextos y comorbilidades inhiben estas defensas? Y contrariamente, ¿qué procesos las estimulan?

Estas son preguntas que hoy en día están encontrando respuestas en el satélite de conocimiento generado des del inicio de la pandemia.

Actualmente las principales causas de morbilidad y mortalidad mundial son las enfermedades no transmisibles o crónicas. Se está demostrando que muchas de estas enfermedades (diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, enfermedad pulmonar o el hígado graso entre otras…) se encuentran mediatizadas por la inflamación y que muchas de ellas comparten fisiopatología; es decir, comparten el modo e incluso los actores que desarrollan la enfermedad.

Por lo tanto, el conocimiento generado gracias a la investigación de la COVID19 puede ayudar a reconocer los hábitos/estilos de vida saludables como el “antinflamatorio universal”, y por otra parte identificar otras dianas terapéuticas comunes que se beneficien del conjunto de estas enfermedades.

Siempre he querido entender el cuerpo humano y la biología como un todo, como un “PANCORPORE” donde TODOS los órganos y sistemas se integran sujetos a un orden autónomo (la homeostasis), sin jerarquías.

Así pues cuando me preguntan… “el ajo es muy bueno para el corazón, verdad Iñaki?”, yo contesto “Claro, y para el cerebro, los ojos, el hígado, la piel, los riñones,  la próstata, etc….”

 

Salud,

IM



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