YOGA. ANSIOLÍTICO EN TIEMPOS DE COVID.

YOGA. ANSIOLÍTICO EN TIEMPOS DE COVID.

La ansiedad es una respuesta normal ante ciertas situaciones o eventos y en los momentos en los que vivimos, ha aflorado más que nunca. El viernes nos volvimos a confinar. Perimetralmente, sí, pero la sensación de falta de libertad es la misma. ¿Podemos hacer alguna cosa para reducir la ansiedad que esta sensación pueda generarnos?

El yoga es una práctica tradicional de origen indio que combina posturas físicas (asanas) con el control de la respiración (pranayama) y la meditación. La práctica del yoga ha ido en ascenso los últimos años (un 12% de la población española según las últimas estadísticas del 2018) ya que aporta bienestar y mejora la salud emocional.

De hecho, a pesar de haber tardado 5.000 años en llegar a occidente, su creciente interés ha llevado a la publicación de más de 700 artículos científicos sobre los beneficios de la práctica del yoga para la ansiedad los últimos 10 años. La conclusión de la mayoría de ellos es que el yoga puede ser una herramienta útil a corto plazo para reducir la intensidad de la ansiedad.

Por un lado, es conocido que la realización regular de ejercicio físico produce una serie de cambios fisiológicos y adaptaciones en el cuerpo humano. Estos cambios incluyen un incremento en los niveles de serotonina y noradrenalina en el cerebro y la liberación de opioides endógenos.

La serotonina es conocida como el antidepresivo natural, ya que es la hormona que se encarga de regular nuestro estado de ánimo, mientras que las endorfinas son las llamadas hormonas de la felicidad ya que se encargan de producirnos bienestar y euforia. Ambos tipos de hormonas se liberan en el sistema nervioso cuando realizamos ejercicio físico. En el caso del yoga, si realizamos asanas de baja intensidad liberaremos serotonina, mientras que, si realizamos asanas de alta intensidad, liberaremos también endorfinas.

Por otro lado, el control de la respiración (pranayama) también recalibra el sistema nervioso simpático provocando una dominancia de la actividad del sistema nervioso parasimpático y por lo tanto, una reducción en la frecuencia de la respiración y un incremento en la profundidad de la misma.

La meditación, por su lado, altera la respuesta del eje hipotálamo-pituitario-aderenérgico, reduciendo la secreción de cortisol, que es un parámetro fisiológico indicativo del nivel de estrés.

Si sufrimos ansiedad durante un tiempo prolongado, entramos en una situación de “carga alostática” o de respuesta de estrés crónica que pondría en riesgo la salud del individuo ya que la capacidad del cuerpo para responder al estrés es mucho menor. Este estado de estrés crónico altera de forma nociva los sistemas neuroendocrino, autónomo, inmune y cardiovascular pudiendo desarrollar diferentes tipos de enfermedades, desde una depresión a un infarto cardíaco.

Tenemos al alcance una práctica milenaria que ha demostrado tener numerosos beneficios tanto para la salud mental como para la corporal. Si no te has iniciado todavía, aprovecha ahora que estás más tiempo en casa. ¡Si ya eres practicante habitual, profundiza en la práctica!

Anna Domènech Vilardell

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